MOVERNOS DE NUESTRO EJE.

Trabajar 6 días por semana, 12 horas por día. Ver a tus hijos dormidos por la noche, contar con solo el domingo para disfrutarlos y descansar. No poder ocuparte de tu salud, de tu alimentación, de tu cuidado personal… tanto sacrificio, e igual los ingresos no alcanzan. Y aunque alcancen, justifica todo lo que nos perdemos?

Leo esto y me da vértigo, pienso: “pobre tipo” y entonces me hago otra pregunta ¿por qué llegar a esto?

Cuanta gente conocés que tiene este ritmo de vida? De qué sirve tanto sacrificio si justamente pierde todo lo que está buscando?…

En la búsqueda de mejorar su calidad de vida, la gente busca un cambio de trabajo que permita eso. Yo,  por calidad de vida entiendo mejorar el tiempo con mi mujer y mis hijas, poder dedicarle tiempo a mi salud (gimnasio, alimentación, salud en general), a mi desarrollo espiritual, etc…

Entonces: OK, logramos dar el paso y cambiar, pero cambiar a que?, porque para lograr eso destinamos más tiempo, más esfuerzo…. Entonces me vuelvo a preguntar: ¿para qué? Para no ver crecer a tus hijas? Para no poder compartir con ellas sus tiempos? Sus cosas importantes? Sus reuniones en el colegio? Para no poder comer con ellas? Para quedarte dormido cada vez que querés conversar con tu mujer? Para no poder ir al gimnasio? No poder almorzar con un amigo?

Sumale a todo esto la inseguridad (ya habitual) de mantener un trabajo –cualquier trabajo- en esta Argentina tan poco segura, tan irrespetuosa con las instituciones, tan concentrada en su propia billetera. Cómo proyectás? Cómo avanzas?

Siempre, indudablemente, cuando buscamos un trabajo, partimos de un deseo o ilusión de una vida mejor. Un ideal de cambio que nos permita trabajar las horas justas, los días justos, con el nervio justo y que nos permita hacer deporte, compartir con tu familia, poder tener un fin de semana, un paseo o lo que sea.

Conozco mucha gente que vive por la plata, y no importa lo que sacrifique, no importa lo que pierde, lo que importa es que su cuenta bancaria crezca. Lo más triste, es que cuando hablan cuentan una historia que difiere de 0 a 100 de su realidad. Triste, muy triste.

Hoy en día, la vida de la gran ciudad (y n o tengo dudas que se repite en cualquier gran ciudad del país y del mundo) te come el cerebro. Te atormenta con su ruido, con su agresividad, con su violación permanente a tu alma.

Educar hijos en ese contexto se convierte en una tarea gigante, simplemente porque no tenemos el valor de cambiar. No tenemos el valor de movernos de nuestro eje y subirnos a uno (que no conocemos) donde el tiempo dure lo que debe durar, donde la gente hable y otros escuchen, donde podamos pensar y ocuparnos de las cosas importantes. Donde el trabajo sea el medio para lograr nuestros objetivos y no el fin.

Cuantas veces pensamos en esto? Lo pensamos?… a mí me da miedo tan solo pensarlo, porque me obliga a actuar, me obliga a cambiar!!!

Creo también que como sociedad somos realmente temerosos, sumisos… nos bancamos cualquier cosa y todo está bien.. Todo nos da lo mismo, nada nos conmueve y nada nos completa… // Los golpes de conciencia llegan muchas veces de la mano de perdidas grandes, un padre, tío, hermano, amigo… y ahí es cuando nos replanteamos todo, absolutamente todo…. pero a la mañana siguiente, el somnífero de nuestra vida nos hace efecto otra vez y todo vuelve a la normalidad.

Hoy leía la entrevista a Martiniano Molina, ex chef mediático y su cambio violento de vida… decidió no transar con el sistema y fundamentalmente decidió ser feliz.

Cómo supongo que querés ser feliz igual que yo… QUE ESTAS HACIENDO PARA QUE ASI SEA? Lo único constante es el cambio, así que tratemos de no esquivarlo.

Buena semana,

Ezequiel